Microchips en el cuerpo humano
Su uso ha empezado a ser común sobre todo en los países más desarrollados, con estándares dentro de la tecnología más avanzados, como en Estados Unidos, el Reino Unido, Bélgica o Suecia. En un inicio la práctica nació como medio de control de las mascotas, pero ha ganado terreno y entró ya en la vida de las personas.
El microchip es un circuito electrónico dentro de una
cápsula de vidrio en forma de píldora, del tamaño de un grano de arroz.
Su colocación dentro del cuerpo de una persona se hace mediante
una jeringa que penetra por debajo de la piel, en un procedimiento casi sin
dolor.
La tecnología que utilizan es conocida casi por cualquier persona, sobre todo habitantes de ambientes urbanos, pues viene desde finales de los años 90 y es más evidente y cercano en tarjetas de crédito con chip, pasaportes o teléfonos móviles, por mencionar algunos ejemplos
En los países mencionados existen empresas que ha
invitado a sus trabajadores a insertarse un chip subcutáneo como medida de
acceso a ciertas áreas, sin controlar sus movimientos o productividad.
Pero existen otros usos. En Suecia, país con casi 10
millones de habitantes, varios miles de sus ciudadanos cuentan con un chip
subcutáneo que puede ser utilizado como llave para entrar a su oficina,
transferir datos a un teléfono inteligente, acceder al tren en una estación o
al gimnasio, entre otros más o menos relevantes.
En Estados Unidos existe una propuesta de ley para que
las personas porten un chip como medida de precaución, que incluiría información
del portador como su fecha de nacimiento, tipo de sangre, estado civil,
domicilio, enfermedades que padece y hasta números de cuentas bancarias.
La propuesta establece que los sistemas implantados de
manera subcutánea podrán contener información sanitaria, como estado de salud
del portador, tratamientos que ha seguido, pruebas de laboratorio realizadas y
sus resultados.
Sin embargo, las personas que ya lo usan al parecer no
han tomado en cuenta los riesgos que implica portar el dispositivo.
El primero de ellos es el de la seguridad de los datos
personales que se comparten al momento de su utilización, información que puede
ser usada de manera inescrupulosa.
En el mismo aspecto de seguridad, algunos expertos han
proyectado que, al ser portadores algunos de ellos de un kilobyte, es posible
que puedan ser cargados con tecnología maliciosa o malware para intervenir en
otros dispositivos o redes, en edificios o sistemas bancarios. Otro riesgo que
implican los chips subcutáneos es el de la salud.
Si bien el implante se practica de una manera no invasiva
y hasta cierto punto indolora, los especialistas han detectado que el
microcircuito del cuerpo puede transmitir frecuencias dañinas para el cuerpo. Además,
el puro aparato puede convertirse en un riesgo por los materiales de que está
hecho.
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